Las nuevas oleadas de ataques de Hezbollah contra Israel muestran una estrategia de escalada que se cree fue preparada de antemano por Teherán en caso de que el régimen ya no pueda mantener su existencia.
Imágenes del lugar muestran una zona residencial en el Líbano arrasada tras los ataques aéreos de represalia de Israel, después de que Hezbollah reanudara sus ataques con cohetes.
Según los analistas, Irán mantiene una lógica operativa no declarada oficialmente pero considerada como último recurso: si el régimen se enfrenta al riesgo de colapso o destrucción, activará el máximo nivel de caos regional para evitar que el oponente logre una victoria total y para que cualquier escenario post-régimen sea costoso e inestable.
Esta estrategia a menudo se compara con la frase bíblica "Muera yo con los filisteos", pero se implementa mediante medidas asimétricas, fuerzas pro-iraníes (proxies) y herramientas económicas en lugar de armas nucleares.
Elementos principales del escenario
Activación total del "Eje de la Resistencia"
Se cree que Hezbollah ha recibido instrucciones de escalar fuertemente contra Israel: aumento de cohetes, incursiones terrestres y desestabilización en el Líbano y Siria.
Las milicias iraquíes, los hutíes y otros grupos podrían atacar bases estadounidenses, objetivos en el Golfo y rutas marítimas internacionales.
El Estrecho de Ormuz: la "última carta" económica
Alrededor del 20% del petróleo mundial transita por esta zona. Irán ha utilizado minas, misiles antibuque, lanchas rápidas y drones en este punto. El flujo de transporte ya ha disminuido considerablemente y se han emitido múltiples alertas de seguridad.
Si ocurriera un bloqueo total o parcial, el precio del crudo podría superar los 100 dólares por barril, impactando los mercados globales. Algunos expertos lo llaman la "carta de usar o perder" cuando el régimen se queda sin salida.
Ataques asimétricos y terrorismo global
La red de Hezbollah o "células durmientes" podrían dirigirse contra diplomáticos, ciudadanos, empresas o infraestructuras de EE. UU. e Israel en Oriente Medio, Europa o Norteamérica.
También se contemplan campañas de ciberataques contra sistemas críticos, interferencia electoral o asesinatos de objetivos de alto nivel.
Ataques directos a infraestructura petrolera del Golfo o activos de EE. UU.
En caso de que las fuerzas proxies no generen suficiente presión, Irán podría atacar directamente objetivos estratégicos para elevar el costo del enfrentamiento a niveles inaceptables.
Señales de alerta
Según las evaluaciones actuales, algunos elementos ya han comenzado a operar:
- Los lanzamientos de misiles y drones continúan, aunque la escala y coordinación han disminuido debido a la degradación de los sistemas de mando.
- Hezbollah sigue lanzando cohetes.
- Milicias iraquíes atacan bases estadounidenses.
- Aumenta la presión marítima cerca de Ormuz.
La respuesta descoordinada refleja un sistema operativo dañado, pero la lógica de escalada ante el aumento de las pérdidas se mantiene firme.
Factor diferencial
Un punto clave en este escenario es que Irán no posee armas nucleares para usarlas como último recurso, ya que su programa nuclear fue neutralizado previamente tras operaciones militares.
Expertos como el almirante James Stavridis, excomandante de la OTAN, advierten que al verse acorralado bajo la presión de un cambio de régimen, Teherán tiene incentivos para expandir el conflicto en lugar de contenerse.
El conflicto actual demuestra que ciertos elementos de esta estrategia se están activando, aunque su alcance sea limitado por la degradación de sus capacidades.
