El primer ministro británico, Keir Starmer, ha defendido su decisión inicial de no permitir que las fuerzas británicas participaran en los ataques de la coalición entre Estados Unidos e Israel contra Irán. En su intervención ante el Parlamento el lunes, afirmó que su responsabilidad prioritaria es evaluar lo que mejor conviene a los intereses nacionales y a la seguridad del Reino Unido.

Respuesta a las críticas del presidente Donald Trump

Previamente, el presidente Donald Trump había criticado públicamente a Starmer por "tardar demasiado" en autorizar a Estados Unidos el uso de bases aéreas británicas para apoyar la Operación Epic Fury. En respuesta a estas declaraciones, el primer ministro británico señaló que comprende el desacuerdo, pero se mantiene firme en la postura adoptada basándose en la situación real de aquel momento.

“El presidente Trump ha expresado su desacuerdo con nuestra decisión, pero mi responsabilidad es evaluar qué sirve al interés nacional británico. Lo he hecho y mantengo mi postura”, subrayó Starmer ante los miembros del Gobierno.

Por qué el Reino Unido se vio obligado a intervenir en el conflicto

A pesar de su cautela inicial, el primer ministro Starmer admitió que el Reino Unido no podía seguir al margen cuando las represalias de Irán amenazaban directamente vidas humanas. Actualmente, hay unos 300.000 ciudadanos británicos en la región, entre residentes, turistas y personas en tránsito por los principales centros de conexión.

Starmer explicó que Irán atacó aeropuertos y hoteles donde se alojaban ciudadanos británicos, lo que generó una profunda preocupación en la Cámara de los Comunes. Además, las fuerzas armadas británicas en la región se vieron en peligro ante la escalada militar por parte de Teherán.

Específicamente, el pasado sábado, Irán utilizó misiles y drones para atacar una base militar en Baréin. En este lugar se encuentran estacionados unos 300 militares británicos, mientras que Estados Unidos sigue reforzando sus tropas en Oriente Medio. Algunos efectivos se encontraban a pocos cientos de metros del punto de impacto, lo que obligó al Gobierno británico a intervenir oportunamente para proteger a sus fuerzas.

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