La oficina de Quỷ Cốc abrió sus puertas esta mañana, el aroma del incienso flotaba en el aire, pero el corazón se sentía inquieto.
Antaño, la gente iba al templo, depositaba en la caja de donativos billetes doblados en cuatro o en ocho. Nadie preguntaba cuánto era suficiente. Las palabras “según su corazón” flotaban como el humo. Ligeras.

Ahora, “según su corazón” aparece en negrita. Con un anexo debajo.
Ofrendas estelares básicas. Ofrendas estelares avanzadas. Ofrendas estelares VIP.
Incluso hay un paquete de “tranquilidad para todo el año”, que incluye un amuleto contra las habladurías.

La gente hace fila, sobres en mano, los ojos fijos en la lista de precios. Como en un supermercado eligiendo un combo.
Las bendiciones se clasifican según la tarifa.
La espiritualidad se convierte en un servicio.

El templo solía ser el lugar donde uno se despojaba de las cargas.
Ahora, al entrar, hay que calcular. ¿Cuánto debe costar la bandeja de ofrendas para que sea “suficiente”? Esta asfixia nos recuerda la phẫn nộ của cư dân ante los cambios negativos de la sociedad.
¿Acaso temen que, sin una gran ofrenda, los dioses y Buda… no escuchen con claridad?

Quỷ Cốc se sienta en un rincón del patio, observando la escena de la “purificación colectiva” y reflexiona.
¿Reside el infortunio del hombre en la codicia o en las estrellas del cielo?
Si la mala estrella se puede cambiar con dinero, ¿a cuánto se vende la buena?

Antaño, una varilla de incienso. Una plegaria silenciosa.
Ahora, hay transmisiones en vivo y listas públicas de donantes.
El mérito se convierte en un ranking. La fe en una marca, e incluso a veces surgen casos de malversación de fondos públicos que erosionan la confianza de quienes buscan el bien.

No es de extrañar que digan que el templo no está más lleno en el decimoquinto día del séptimo mes lunar ni durante el brillante festival del Año Nuevo Lunar.
Sino cuando la gente está sumida en la incertidumbre.

Quỷ Cốc no critica a quien hace ofrendas.
Ofrecer es una necesidad. Creer es un derecho.
Pero cuando la espiritualidad se convierte en un lugar de regateo,
cuando al “según su corazón” hay que preguntarle el precio,
¿está la gente buscando a Buda o comprando un seguro?

Quizás lo que hay que resolver no son los astros.
Sino el miedo.

Y si algún día,
la caja de donativos recupera su verdadero significado —
un lugar para depositar lo que pesa en el alma, không phải để mua một lời hứa —
entonces las palabras “según su corazón” volverán a ser ligeras.

Đọc thêm